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ue en una ciudadela perdida en gélidas latitudes
que Christopher tuvo su
primer contacto con la literatura. Los frescos tropicales
de Lezama y
Carpentier cobraron vida en un invierno a lo largo del cual
el paisaje se
fue desnudando. El mundo al que lo trasladaron estas lecturas,
y el contraste con el escenario en que se dieron, sentaron
la pauta para su obra creativa, que él mismo plantea
como la búsqueda de una síntesis, de antemano
condenada al fracaso, entre la austeridad y la exuberancia.
Christopher
prefiere mantenerse al margen de los concursos y otras kermesses
literarias,
respetuoso del tiempo que cada obra exige para su gestacion
y su eventual
aparicion frente al mundo.

Su única colaboración
con un periódico anarquista lo curó de su afán
de participación política. Ha publicado textos
sobre literatura y filosofía en medios locales y extranjeros
y la crítica continúa siendo una pasión.
A un estudio sobre la crueldad en Antonin Artaud y Roberto
Arlt y otro sobre las imágenes de Estados Unidos en
la obra de José Martí se añade el trabajo
en torno a la lírica española que actualmente
realiza como estudiante de doctorado en la Universidad de
Nueva York. La escritura lo ha llevado a varios lugares, incluyendo
San Francisco y Buenos Aires, escenarios de la redacción
de La evasión, su primera novela. Discípulo
de Carpentier y Lezama, Vargas Llosa y Donoso, lee asiduamente
a Kafka, Proust, Beckett y Thomas Mann. 
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