Llamémoslo exceso de entusiasmo: uno de los primeros
esfuerzos de la editorial, fue el de conseguirse un nombre. Un breve
debate y un posterior trabajo estadístico absolutamente desprovisto
de validez científica, nos llevaron al nombre Matalamanga, aquel
que el entrevistado no podía dejar de pronunciar en voz alta
abriendo un poco los ojos.
Luego se asoció este nuevo nombre a ideas muy curiosas. El escritor
Armando Robles Godoy hizo con él una
analogía a la expresión “quemar neumáticos”,
referida a la escritura y no a los automóviles; el encargado
de la ventanilla de la oficina de Registros Públicos se animó
a no disimular la risa y a asegurar en voz alta que se trataba de una
empresa africana; otros la consideran una palabra sin sentido, una palabra
con demasiados sentidos o parte del estribillo de una canción
tribal.
Pero el sentido original se aproxima sobre todo a la falta de sentido
estricto de fondo, que da pie a que todo el sentido explícito
caiga sobre la forma, la lírica, las letras que forman la palabra
que forma la idea. La primera definición que tuvo fue la de palabra
baúl, un conjunto de sonidos que cada quien aplica a lo que quiera,
cuando quiera y, sobre todo, como quiera. Esto fue bajo un puente de
Toulouse, en el sur de Francia, al lado de la Garona, una madrugada
de febrero del 2002.
Entonces, ¿por qué la editorial terminó llamándose
Matalamanga y no Agnamalatam? Fue quizá porque, bajo el puente
en cuestión y en el momento del que hablamos, fue Matalamanga,
por simple azar, el conjunto de letras que mejor se definía a
sí mismo, que menor sentido explícito parecía mostrar
en el momento. En qué muro de qué esquina del mundo estuvo
escrito por primera vez, qué boca juntó primero las cinco
sílabas del nombre, son ya cuestiones que felizmente no vienen
al caso. Importa que las publicaciones bajo este nombre vayan amoldando
la palabra y dándole sentido, como una estatua de arcilla dispuesta
a dejarse acariciar por la literatura. Y lo que pasó antes puede
quedar como obra del azar, o aun del exceso de entusiasmo.