Acaba de aparecer Lecciones
de Origami, primera colección de relatos de Augusto Effio
Ordóñez (Huancayo, 1977). Llama la atención
en la narrativa de Effio que escribe desde la estancia de un
observador con larga experiencia en el oficio de observar a
los humanos. Effio se revela así, en primer lugar, como
un lector aprovechado de lecturas "literarias" (podemos
inferir que en su caso estas lecturas han sido muchas y tempranas,
además de agudas) o bien, como sin duda es también
el caso de este conocedor de la burocracia pública, la
provista por una muchedumbre de expedientes judiciales.
Hay una distinción usual entre "narradores"
y "escritores" que dice que el narrador se concentra
en la historia que cuenta, y emplea el lenguaje con esa mediana
eficacia que vemos en mucha de la narrativa peruana actual.
Lo que importa a estos autores sería, únicamente,
contar. Se supone, en cambio, que un escritor es un animal diferente.
Para él el lenguaje no es sólo una herramienta,
es un fin en sí mismo. Cuidar el lenguaje no es algo
que se deja para después, para el trabajo del corrector.
Cuidar el lenguaje es el primer paso, y la sintaxis de la primera
frase que uno describe afecta también todo lo que se
va a contar a continuación. Además, el narrador
empieza a escribir por el principio (la historia "se me
escribió sola", dicen) y termina con el final, mientras
que el escritor sufre con cada ladrillo de su arquitectura,
lo quita de aquí y lo recoloca allá innumerables
veces. De cara a esta ruda clasificación, Effio es un
narrador, en el mismo sentido en el que un murciélago
es un pájaro. Lo semejan, puesto que el uno vuela y el
otro escribe concentrándose en el relato eficaz de una
trama: pero si se los observa con atención se descubrirá
que la distribución interna de órganos y facultades
revela que el murciélago no es un ave y que el prolijo,
meticuloso autor de Lecciones de Origami también es una
cosa distinta, es probablemente un escritor.
A ello añade la literatura de Effio otra probable virtud:
la de originarse en un mundo profesional ajeno -si no inmune-
a la literatura. Sospecho que nuestros jóvenes escritores
de ficciones literarias sólo leen. ficciones literarias.
Nunca mencionan, entre sus lecturas favoritas, nada que no sea
ficción. Podemos especular sobre las causas, pero lo
que me llama la atención son los resultados. Sus discursos
-sus cuentos, sus novelas- son, casi exclusivamente, metaliterarios,
recursivos a gran escala.
Hacer discursos acerca del mundo (vale decir, lecciones: no
olvidemos que "lecciones" significa, en primer lugar,
lecturas: inteligencia de textos) es una habilidad requerida
tanto por la ciencia como por el periodismo, y que se expresa
en discursos que atañen al mundo de modo directo y no-ficcional.
Éstos constituyen el humus de la gran literatura, el
material a partir del cual un escritor crea sus mundos alternos.
Pero nuestros jóvenes escritores están haciendo
discursos acerca de discursos ficticios acerca del mundo. Juzgo
que esta exclusividad o restricción de lecturas empobrece
sus discursos.
En este primer libro, Effio muestra que está en posición
y capacidad de hacer lo otro. Juzgo que un elemento importante
en este proceso es precisamente ese anclaje profesional en la
realidad, ese burocrático mirar y procesar expedientes
que tan infernal parece a todos los escritores desde Kafka,
y que está tan efectivamente transmitida -con cariño,
diré- en las líneas del cuento que le da título
al libro. Como burócrata, no puedo sino compartir el
horror y el cariño por el oficio que, complejamente,
transmite Augusto en este relato, y que se extiende en círculos
concéntricos hacia la esfera de la corrupción
como modo de vida: el engaño tolerado por las partes,
la funcional mentira burocrática, la confortable convivencia
con lo ilegal están presentes desde las primeras líneas
de cada cuento.
Si el arte es turbulencia contenida en una forma, uno escribe
porque le provoca imponer una forma al mundo, bajo la presión
de turbulencias que le son propias y a veces, privadas. Estoy
convencido de que al lector peruano contemporáneo ha
de interesarle mucho qué turbulencias son éstas
que nos trae Effio, y también hacia qué formas
evolucionarán en el futuro. ::atrás
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