Ocultos en el prolijo lenguaje
de Lecciones de origami hay detalles que desenmascaran que,
sin duda, Effio viene observando a los humanos durante mucho
más tiempo que el que su edad debería haberle
concedido. Su marca personal son estas telarañas que
vigilan telarañas: sutiles relaciones entre voces que
no admiten que el mundo sea tan simple como parece requerirlo
buena parte de nuestra actual literatura, empeñada
en
creer grácil tan sólo lo tenue, o lo ligero.
Enrique Prochazka
Al terminar de leer los cuentos
de Augusto Effio, el sabor que nos queda en el paladar es
de una melancolía sin límites. Es, en todo caso,
un asunto del alma: el libro derrama desde el primer párrafo
una nostalgia envolvente que brota de todos lados. Effio apuesta
por lo profundo, por lo formal y complejo, sin restricciones.
Sus textos, aun los más extravagantes y complicados,
exponen una escrupulosa preocupación por el lenguaje
formal, dotando al texto de un estilo sereno y una prosa pulquérrima.
Sandro Bossio
Lecciones de origami son seis
historias y una ciudad, San Cristóbal, que se espera
venir desde el segundo cuento y que se sabe será el
telón de fondo de las siguientes historias. Se trata
de una ciudad tan peruana como la Santa María de Onetti
podía ser un híbrido entre Montevideo y Buenos
Aires. Ciudad de sordidez ribeyriana que sirve de blanco perfecto
para la ironía de los híbridos.
Pedro Llosa.
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