L
os escritores no sólo escriben. En este libro
fungen de cocineros, exportan foto-novelas pornográficas,
conducen programas de radio, regentan bares, confeccionan
crucigramas, venden Coca-cola y dictan clases en un colegio.
En realidad, todo el tiempo dictan clases. Mientras se ganan
los frijoles en mil oficios, siempre encuentran el momento
para enseñar, al pobre diablo que acepte escucharlos,
cómo se debe escribir. Y, por supuesto, también
se dan maña para cortejar a huachafitas culturosas,
aunque, en este punto, no son capaces de enseñarnos
nada. Éste es un libro de recetas y memorias redactado
por un puñado de caricaturescos plumíferos que
cumplen lo dicho por Shaw: los que saben hacer algo lo hacen
y los que no, lo enseñan. 
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